martes, 30 de diciembre de 2008
Gestión Activa con ETFs
Las virtudes de los ETFs han estado siempre ligadas a la gestión pasiva y la liquidez. Por un lado, la gestión pasiva es uno de los instrumentos de futuro. Habida cuenta de los pobres resultados de la mayoría de fondos de inversión de gestión activa, hace que los inversores menos experimentados puedan ligar su evolución a un índice en particular asegurándose que, si bien no lo hará mejor que el mercado, lo hará igual, cosa que no podemos esperar de los fondos de gestión activa, si bien es cierto que entre sus ventajas principales está la fiscalidad y el alpha. El alpha hace referencia a la capacidad del gestor de superar el benchmark; pero para ello es recomendable o estar al día de los mercados o estar en manos de un gestor independiente, que no tenga conflictos de interés a la hora de asesorar al cliente.Visto este matiz, podemos pensar que la industria de los ETFs debería experimentar un auge en los próximos años por dos motivos. El primero y más importante. Después de esta primera década del nuevo milenio, hemos asistido al mercado lateral más grande de todos los tiempos, con crisis, guerras y burbujas por doquier. Un mercado muy volátil y lleno de instrumentos derivados y productos exóticos para incorporar a las carteras que, como se ha podido comprobar, han dado un resultado más bien pobre. Este motivo ha hecho que los fondos índices como los ETFs sean una alternativa por su bajo coste y su evolución relativamente predecible al saber que estamos en manos de un índice y no de los caprichos de un gestor. El mercado depurará el mercado de los gestores incompetentes y obviamente debería purgar la paja del grano para dejar lo mejor de la industria. Pero como decimos, los ETFs deberían ganar la batalla no únicamente por este fracaso relativo de algunos fondos de inversión de gestión activa sino por el auge del asesor independiente EAFI. Ante esta nueva figura, la distribución de activos de las carteras podrán descorrelacionarse en dos patas, la beta y el alpha. La beta nos dará la estabilidad necesaria para poder descorrelacionar nuestra cartera, en función de nuestros objetivos financieros, para conseguir el nivel óptimo del binomio rentabilidad riesgo, y no hay mejor producto en el mercado que el ETF para lograrlo. El alpha, sin embargo, lo podremos lograr con productos de inversión de gestión activa que permitan superar el benchmark y darnos un plus de rentabilidad y, porque no, de descorrelación. De esta manera y, como segundo motivo, el asesor financiero independiente será capaz de poder ofrecer alpha por sí mismo, con una gestión activa en la cartera de ETFs. La gran variedad de ETFS hace que podemos infraponderar y sobreponderar diferentes países y/o sectores en función del ciclo económico y hacer una gestión pasiva en el núcleo de la cartera, Strategic Asset Allocation, y una gestión activa, Tactical Asset Allocation, que nos permita gestionar una parte de la cartera con cierta flexibilidad. Así como también activos tan variopintos y específicos como el capital riesgo, las energías limpias, los recursos naturales, los estilos de gestión Growth y Value, el tamaño de compañía small, mid y large cap, así como los activos monetarios, renta fija y renta variable (por países y sectores). Pero no sólo eso, sino la posibilidad de apalancarnos (ETF apalancado leverage) en momentos de clara expansión económica o cubrirnos en épocas como la actual (ETFs inversos short).Ante eso el inversor tiene una alternativa que, en definitiva, hará que el proceso natural de oferta-demanda haga que el mercado de ETFs gane enteros en los próximos ejercicios ante la gran calidad del producto.
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